26 Años Después, un Multimillonario Encontró a su Primer Amor en la Pobreza

—Estoy evaluando inversiones.

Alejandro caminó lentamente por la oficina.

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Diplomas.

Fotografías familiares.

Reconocimientos empresariales.

Y detrás del escritorio, varias carpetas antiguas perfectamente ordenadas.

—Escuché que hace algunos años tuvieron un problema administrativo —dijo Alejandro como si fuera una pregunta sin importancia.

La sonrisa de Ernesto desapareció apenas un segundo.

—Robos internos. Una empleada.

—¿Mariana López?

El silencio cambió la habitación.

Ernesto dejó la botella sobre el escritorio.

—¿De dónde conoce usted ese nombre?

Alejandro sonrió.

—En los negocios conviene investigar todo.

Ernesto recuperó la compostura.

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—Esa mujer nos robó.

—¿Fue condenada?

—No.

—¿Encontraron el dinero?

—No.

—¿Encontraron transferencias firmadas por ella?

Ernesto endureció el
rostro.

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—No sé qué está insinuando.

Alejandro lo miró directamente.

—Todavía nada.

Se marchó veinte minutos después.

Pero ahora estaba seguro de una cosa.

Ernesto tenía miedo.

Y los hombres poderosos rara vez tenían miedo de historias falsas.

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