—¡Feliz cumpleaños, papá!
—Gracias, hija mía.
—¿Qué vas a hacer hoy?
—Voy a salir a comer.
—¿Con quién?
—Con mis amigos.
Otra vez esa pausa incómoda al otro lado de la línea.
—Nosotros queríamos pasar por tu casa esta noche —dijo finalmente.
La respuesta que no esperaba dar
Me quedé en silencio. No porque quisiera castigarla, no porque quisiera hacerla sentir mal. Simplemente en ese momento volvieron a mi memoria muchas imágenes: aquella noche lluviosa, la sonrisa forzada con la que me habían recibido, las miradas discretas al reloj, el alivio evidente en sus ojos cuando finalmente me despedí y salí por la puerta.
—¿Papá? —insistió.
—Aquí estoy.
—¿Podemos ir?