1 hora después, mientras Mateo y Alba comían churros con chocolate frente a las luces de la plaza del Ayuntamiento, Lucía vio por primera vez en meses a sus hijos reír sin tensión.
Entonces tomó una decisión: al terminar las vacaciones buscaría trabajo y abriría una cuenta solo a su nombre.
Todavía no sabía que aquella humillación no había sido un arrebato de su suegra.
Había sido parte de un plan.
Y la prueba aparecería esa misma noche, iluminando la pantalla del teléfono de Álvaro.
PARTE 2
Álvaro regresó casi a medianoche. Entró con olor a vino y una bolsa de dulces que nadie había pedido.
—Nuria se quedó porque mi madre insistió —dijo antes de que Lucía preguntara nada.
Ella no respondió.
A la mañana siguiente, mientras Álvaro se duchaba, su móvil vibró sobre la encimera.