—Son mis hijos.
—Ya sabes a qué me refiero.
—Sí. Y por eso te digo que pares.
Era la primera vez que Álvaro hablaba así a su madre.
Después de leer aquellos mensajes, Álvaro se había visto desde fuera: un hombre de 38 años permitiendo que su madre decidiera qué mujer merecía, mientras su esposa sostenía la casa y criaba a sus hijos.
La vergüenza logró lo que las discusiones no habían conseguido.
Carmen, sin embargo, no se rindió. 2 semanas después invitó a Álvaro a comer “como madre e hijo”. Al llegar, encontró a Nuria allí otra vez.
—Mamá.
Carmen fingió sorpresa.
—No sabía que vendría.
Nuria dejó la copa.
—Si molesto, me voy.
Álvaro la miró. Ella no había cambiado. Él sí.
—No molestas tú —dijo—. Molesta que mi madre siga utilizándote para atacar a mi esposa.
Carmen se levantó de golpe.
—¡No exageres!
—Lucía vio los mensajes.
El rostro de Carmen perdió color.
—¿Te revisa el móvil ahora?
—No cambies el tema.
—Yo solo quería abrirte los ojos.
—Pues los abriste.
—¿Y qué has visto?
Álvaro respiró hondo.
—Que durante años dejé que Lucía cargara con todo porque me convenía. Y que tú llamabas “mediocre” a la persona que hacía mi vida más fácil.
Carmen apretó los labios.
—Nuria sí podría impulsarte.
Nuria se removió incómoda.
Álvaro soltó una risa sin humor.
—¿Impulsarme hacia dónde? ¿A ser un hombre que necesita que su madre le busque pareja?
Nuria se levantó.
—Yo me voy.
Antes de salir, miró a Carmen.
—No vuelvas a meterme en esto.
Aquello dejó a Carmen sola frente a su hijo y, por primera vez, sin una tercera mujer a la que comparar.
—Te estás poniendo en mi contra por ella —dijo.
—No. Me estoy poniendo al lado de mi familia.
—Yo soy tu familia.
—También. Pero no eres la única.
Carmen no habló con él durante 3 semanas.
Lucía no celebró la pelea.
Cuando Álvaro se lo contó, solo preguntó:
—¿Lo hiciste porque tienes miedo de perderme o porque entendiste lo que hiciste?
Él tardó en responder.
—Al principio, por miedo. Ahora creo que estoy empezando a entender.
—Entonces empieza por los niños.
Álvaro frunció el ceño.
—¿Los niños?
—Mateo oyó a tu madre decir que no había pan para nosotros mientras veía la mesa llena. Alba me preguntó esa noche si su abuela no la quería porque comía demasiado.