Daniel permaneció inmóvil.
Lo conocía lo suficiente para reconocer cuándo estaba a punto de derrumbarse. Sus ojos estaban fijos en el sobre, y su respiración se había vuelto irregular.
Le tomé la mano.
—Daniel, sea lo que sea, puedes contármelo.
Él me miró. Por primera vez desde que habíamos llegado al estadio, vi algo distinto al miedo en sus ojos.
Vi vergüenza.
—No quería que lo descubrieras así —susurró.
Antes de que pudiera preguntarle qué significaba aquello, Michael abrió el sobre con cuidado y sacó una hoja amarillenta.
El locutor volvió a hablar por los altavoces.
—Señoras y señores, hoy hemos tenido el privilegio de recibir a Ethan y a su familia. Pero este encuentro también representa una oportunidad para que dos hermanos recuperen algo que creían haber perdido para siempre.
La multitud comenzó a aplaudir.
Sin embargo, yo apenas podía escucharla.