Capítulo 2 — Lo que Lila no podía contar
Valerie dejó el bolígrafo sobre la mesa.
No quería asustar a Lila.
No quería que la niña sintiera que había dicho algo malo.
Así que respiró profundamente y habló con la mayor calma posible.
—Cariño, no estás en problemas.
Lila no respondió.
La enfermera se acercó un poco más a la camilla.
—Puedes contarnos lo que pasó. No vamos a enfadarnos contigo.
Los ojos de Lila se llenaron de lágrimas.
—Papá dijo que tenía que ser valiente.
Valerie sintió un escalofrío.
—¿Valiente para qué?
Lila apretó la manta entre los dedos.
—Para no llorar.
La enfermera intercambió una mirada rápida con Valerie.
—¿Te pasó algo en casa esta mañana?
Lila asintió.
—¿Te caíste?
Negó con la cabeza.
—¿Te golpeaste?
Otra negación.
Valerie se inclinó hasta quedar a la altura de sus ojos.
—Entonces, ¿qué pasó?
Lila abrió la boca.
No salió ningún sonido.
La niña miró hacia la puerta.
Después hacia la ventana.
Y finalmente volvió a mirar a Valerie.
—Papá dijo que si hablaba, mamá se iría.
Valerie sintió que el corazón se le aceleraba.
—¿Qué quieres decir con que tu mamá se iría?
—Que papá iba a decir que era culpa de ella.
—¿Culpa de tu mamá?
Lila asintió.
—Dijo que nadie me creería.
La enfermera se levantó inmediatamente.
—Voy a llamar al director.
Valerie levantó una mano.
—Sí. Y necesitamos seguir el protocolo.
No quería hacer más preguntas de las necesarias.
Sabía que una niña de siete años podía sentirse presionada si demasiados adultos comenzaban a interrogarla.
Pero antes de que la enfermera pudiera salir, Lila agarró la manga de Valerie.
—No.
Valerie se volvió.
—¿Qué pasa, cariño?
—No llames a papá.
La frase fue tan baja que casi se perdió bajo el zumbido del fluorescente.
Valerie volvió a sentarse.
—No voy a llamarlo ahora.
Lila respiró con dificultad.
—Él dijo que iba a venir por mí.
—Ahora estás en la escuela. Estás segura.
La niña negó lentamente con la cabeza.
—No.
—¿Por qué no?
Lila miró hacia la puerta.
—Porque él sabe dónde estoy.
A Valerie se le heló la sangre.
En ese momento, alguien llamó suavemente.
Era el director, el señor Harris.