Capítulo 2 — Lo que Lily nunca me contó

Y una tarjeta.

Solo tenía cuatro palabras:

«No confíes en nadie.»

Debajo había una dirección.

Reconocí el lugar.

Era la casa de mi suegro.

Pero había algo más.

Un nombre escrito a mano.

Samuel Ortega.

El mismo hombre que había visto en el funeral.

El hombre de la cicatriz.

El hombre que, según Lily, conocía a su padre.

Me quedé mirando el nombre.

Entonces mi teléfono comenzó a vibrar.

Número desconocido.

Contesté.

—¿Sí?

Una voz masculina respondió.

—Por fin tienes la llave.

Sentí que todo mi cuerpo se tensaba.

—¿Quién es usted?

—Alguien que le prometió a tu marido que protegería a Lily.

—¿Qué quiere?

Hubo un breve silencio.

—Quiero que dejes de investigar sola.

—¿Por qué?

—Porque tu marido no murió por accidente.

Sentí que las piernas me fallaban.

Miré a Lily.

Ella estaba observándome.

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