—Lo sé, pero esto no tiene que ver con Ryan ni con tu hermana. Tiene que ver con Amelia. Acaba de pedir el micrófono delante de todos los invitados.
Sentí que se me helaba la sangre.
—¿Qué?
—Tu madre está furiosa. Ryan está pálido. Y tu hermana… Claire, nunca había visto a alguien quedarse tan blanco en una boda.
Me levanté de inmediato.
—Pásamela. Quiero hablar con mi hija.
—No puedo. Está en el centro del salón y todos la están mirando.
Entonces escuché algo que me hizo contener la respiración.
La voz de Amelia.
Era pequeña, dulce y ligeramente temblorosa, pero se escuchaba con claridad a través del teléfono de mi prima.
—Antes de que mi papá y mi tía se casen, quiero decirles algo.
Hubo un murmullo entre los invitados.
Después, mi hija continuó.
—Mi mamá me dijo que hoy debía portarme bien y respetar a todos. Así que voy a hacerlo. No quiero gritar ni hacer llorar a nadie. Solo quiero que mi papá explique una cosa.