Podemos conservar miles de fotografías sin necesidad de película física.
Podemos orientarnos en lugares desconocidos gracias al GPS.
Son avances notables.
Pero las fotografías antiguas aún pueden recordarnos algo que la tecnología moderna a veces dificulta:
estar plenamente presentes.
Quizás la lección no sea volver atrás.
No hace falta que abandonemos los teléfonos inteligentes ni que regresemos a las cámaras de película.
En cambio, podemos adoptar algunos hábitos de generaciones anteriores.
Guardar el teléfono durante la cena.
Dedicar tiempo a conversar sin consultar las notificaciones.
Hacer fotos porque el momento importa, no solo porque pueda tener éxito en internet.
Visitar a los amigos en persona.
Pasar tiempo al aire libre.
Permitirse momentos sin estímulos digitales constantes.
No son comportamientos anticuados.
Son, sencillamente, comportamientos humanos.
El mundo sigue cambiando.
Hubo un tiempo en que la década de 1970 se sentía como el presente.