Madeline dejó el lápiz y se acercó a mí.
—¿Y si tenemos un hermanito?
Le aparté el cabello de la frente.
—Si ese bebé nace, no tendrá ninguna culpa de lo que hayan hecho los adultos. Merecerá que lo quieran y lo cuiden, igual que vosotras.
Mi hija pareció tranquilizarse.
Yo, en cambio, estaba a punto de descubrir que el asunto del bebé era mucho más complicado de lo que Preston imaginaba.
- La llamada que destruyó la seguridad de Preston
A las 5:03, contesté finalmente el teléfono.
—¿Qué quieres, Preston?
Al otro lado escuché una respiración agitada.
—Necesito que vuelvas.
Cerré los ojos un instante.
—¿Para qué?
—Brielle está en el hospital.
Me incorporé.
—¿Está bien?
—Los médicos dicen que está estable. Pero ha habido un problema con las fechas del embarazo. Lena, el bebé podría no ser mío.
No sentí satisfacción.
Tampoco alegría.
Solo una extraña sensación de distancia, como si estuviera escuchando los problemas de alguien a quien había conocido hacía mucho tiempo.
—¿Y qué quieres que haga yo?
—No sé. Necesito hablar con alguien que me conozca de verdad.
Casi me reí.
—Preston, hace unas horas me dijiste que me llevara a nuestras hijas porque tenías un hijo en camino. ¿Recuerdas tus palabras?
Guardó silencio.
—Lo dije porque estaba emocionado.
—No. Lo dijiste porque creías que habías encontrado una familia mejor que la que ya tenías.
—Lena, por favor…
—Escúchame. No voy a volver para ayudarte a resolver las consecuencias de una decisión que tomaste conscientemente.
—Pero seguimos siendo una familia.