PARTE 1
El hijo de Carmen Valdés sonrió al verla entrar en el juzgado con un bastón, una muñeca vendada y un moratón aún violáceo junto al pómulo, porque estaba convencido de que aquellas heridas iban a arrebatarle a su madre la casa, las cuentas y hasta el derecho a decidir dónde vivir. :chatgpt-content-reference{index=”0″}
Daniel llevaba meses preparando aquel momento. Sentado junto a su esposa, Vanessa, en la sala de un juzgado de familia de Madrid, había presentado a Carmen como una viuda de 71 años incapaz de manejar su dinero, propensa a caerse y cada vez más “confusa”. Pedía que se establecieran medidas judiciales de apoyo tan amplias que, en la práctica, le permitirían controlar sus cuentas, vender el chalé de Pozuelo donde Carmen había vivido durante 38 años y decidir si debía ingresar en una residencia.