No respondió.
En lugar de hacerlo, sacó una pequeña llave del bolsillo.
Antes de abrir la maleta, me miró directamente a los ojos.
—Tu padre cree que destruí lo más importante de su vida.
Sentí que se me secaba la garganta.
—¿Qué destruiste?
Levantó la tapa.
Dentro había fotografías antiguas, sobres y una pequeña caja roja.
Encima de todo había una fotografía de una mujer.
Una hermosa joven vestida de blanco.
La reconocí inmediatamente.
Era mi madre.
Pero el hombre que estaba a su lado no era mi padre.
Era mi tío.
Y Richard la tenía abrazada.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué es esto?
Mi tío se sentó en el borde de la cama.
—Mucho antes de que nacieras, tu madre y yo teníamos un secreto.
Sentí que se me helaban las manos.
—¿Tú y mamá…?
Bajó la cabeza.