Muchas.
Tarjetas.
Préstamos personales.
Y una inversión que había salido terriblemente mal.
No había robado dos millones de dólares.
Todavía.
Pero estaba desesperada.
Y había construido un camino que podía darle acceso indirecto al dinero de papá.
Su estrategia dependía de tres cosas:
Que todos creyeran que él estaba perdiendo la mente.
Que yo confiara en ella.
Y que papá quedara aislado el tiempo suficiente para que nadie escuchara su versión.
La puerta cerrada había sido parte de ese aislamiento.
Las historias a los vecinos también.
Los sedantes y la narrativa médica terminaron siendo examinados por las autoridades y los organismos profesionales correspondientes.
No todas las sospechas produjeron cargos.
Algunas cosas fueron difíciles de probar.
Otras tuvieron explicaciones más complejas.
Pero hubo suficiente para que papá obtuviera una orden de protección y recuperara el control exclusivo sobre sus documentos y propiedades.