Y quizá esa era la parte que Regina había entendido demasiado tarde.
El valor de una persona no siempre aparece cuando ocupa un puesto.
A veces aparece cuando el puesto queda vacío y todos descubren qué cosas estaban funcionando gracias a alguien que parecía formar parte del paisaje.
Para Mateo, las llaves dejaron de ser una prueba de que pertenecía al rancho.
Ya no necesitaba eso.
Para Regina, fueron otra cosa.
Una advertencia sencilla que podía sostener en la mano.
Antes de cambiar una rutina, había que saber qué se estaba cambiando.
Antes de eliminar una función, había que saber qué conocimiento desaparecería con ella.
Y antes de decidir que alguien ya no era necesario, había que preguntarse si realmente se había entendido todo lo que esa persona hacía.
Relámpago no podía contestar esas preguntas.
Pero su manera de responder sí había obligado a todos a escucharlas.