Porque mientras ella había pensado que estaba eliminando una dependencia peligrosa, Mateo estaba demostrando que había algo diferente entre ser indispensable y ser responsable de un conocimiento que nunca se había documentado correctamente.
Durante el segundo día, Regina revisó los procedimientos que había pedido implementar.
Todo parecía ordenado.
Había instrucciones.
Había horarios.
Había tareas distribuidas.
Pero faltaba algo.
El problema era que los papeles explicaban qué hacer, pero no siempre explicaban cuándo una señal debía interpretarse de otra manera.
Una rutina escrita podía decir cuánto alimento correspondía.
Podía indicar la hora del entrenamiento.
Podía señalar quién debía encargarse de cada tarea.
Pero no podía explicar por sí sola por qué Relámpago rechazaba una parte de su alimento después de determinados cambios en la rutina.
Tampoco decía qué hacer cuando el caballo respondía a una orden conocida de manera distinta.