—Tampoco fue Martina. Ni las empresas. Ni siquiera el dinero.
—Entonces, ¿qué?
Sofía caminó hacia la puerta.
Esta vez nadie tuvo que ofrecerle un brazo.
Antes de salir, se volvió.
—Lo peor fue que aprovechaste mi oscuridad para convencerme de que tú eras la única luz que me quedaba.
Álvaro no respondió.
Sofía salió sola.
Durante 7 años había creído que su tragedia era no poder ver.
Después comprendió algo mucho más doloroso.
La verdadera oscuridad no estaba en sus ojos.
Había estado en una casa donde cada puerta hacia el exterior era cerrada por la misma persona que después tomaba su mano y prometía protegerla.
Recuperar la vista le permitió reconocer rostros.
Recuperar la memoria le devolvió a su padre.
Pero recuperar el derecho a decidir quién podía tocar su vida fue lo que realmente la hizo volver.