Al escuchar la palabra «símbolo», el rostro de mi madre perdió todo el color al instante. Permaneció en silencio, incapaz de articular palabra alguna ante la insistencia de los presentes.
Al no obtener respuesta, el médico intercambió una mirada severa con uno de los oficiales uniformados. En ese instante, pronunció una orden firme en voz baja: «Cierren la puerta».