Pero caminaba.
Abrió la nevera.
—¿Dónde está el zumo?
—Te lo terminaste anoche.
—Eso suena como una acusación sin pruebas.
Lo miré.
—Hay una botella vacía en tu habitación.
Ethan se quedó pensando.
—Pruebas circunstanciales.
Laura apareció detrás de él.
—Y yo te vi beberlo.
—Testigo poco fiable.
Los tres empezamos a reír.
Era una escena completamente insignificante.
Y precisamente por eso me pareció perfecta.
Durante meses nuestra familia había vivido alrededor de hospitales, abogados, investigadores y secretos.
Aquella mañana discutíamos por una botella de zumo.
Era maravilloso.
Después del desayuno, Ethan me pidió que saliera con él.
Había un coche aparcado delante de casa.
—¿De quién es?
—De Noah.
—¿Y?
—Quiero conducir.
Me quedé mirándolo.
—Marcus te autorizó.
—Hace dos semanas.
—¿Y por qué me entero ahora?
—Porque sabía que pondrías esa cara.
—¿Qué cara?