Salimos del aparcamiento.
Esta vez no miré hacia atrás.
Porque finalmente entendí que el final de nuestra historia no estaba en lo que les ocurrió a quienes nos hicieron daño.
Estaba en aquello que no consiguieron quitarnos.
Nuestra familia.
Nuestro futuro.
Y los pasos de mi hijo alejándose, uno tras otro, de la peor noche de su vida.
FIN.