El sheriff disparó a mi hijo y se rio… pero no sabía quién era realmente su padre

Ortega sostuvo mi mirada.

Finalmente abrió la carpeta.

—Bell estaba revisando contratos públicos.

—¿Qué clase de contratos?

—Carreteras. Terrenos. Servicios de seguridad. Adquisiciones del condado.

—¿Y encontró algo?

—Encontró irregularidades.

—¿Dinero?

—Mucho.

Ortega pasó varias páginas.

—Empresas que cobraban por trabajos aparentemente inflados. Propiedades compradas mediante sociedades. Contratos concedidos repetidamente a personas relacionadas entre sí.

—¿Y el sheriff?

—Su nombre aparecía alrededor de varias de esas operaciones, pero eso no demuestra por sí solo que cometiera un delito.

Agradecí que Ortega no intentara venderme una teoría como si fuera un hecho.

—Bell iba a entregar documentos —continuó—. Murió antes de hacerlo.

Mi teléfono vibró.

Mason.

—Tengo algo —dijo cuando respondí.

—Habla.

—La matrícula del vehículo negro que describió Ethan aparece registrada a una empresa llamada Red Creek Holdings.

Ortega levantó la cabeza.

Puse el teléfono en altavoz.

—¿Te suena? —pregunté.

Ortega se quedó inmóvil.

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