Su supuesto accidente había ocurrido en una carretera de montaña.
El vehículo se incendió.
La identificación del fallecido se había realizado principalmente mediante documentos personales y registros dentales proporcionados por un consultorio privado.
—¿Quién firmó el informe inicial? —pregunté.
Ortega revisó la pantalla de su tableta.
No respondió inmediatamente.
—¿Quién?
Finalmente levantó la vista.
—La oficina del sheriff.
Sentí un escalofrío.
—¿Y los registros dentales?
—Los envió una clínica llamada Mountain Ridge Dental.
—¿Qué tiene de especial?
Ortega giró la pantalla.
El propietario de la clínica era el doctor Samuel Price.
—Price —dije.
—Hermano mayor del sargento Nolan Price.
Todo parecía conducir al mismo círculo.
Pero Ortega levantó una mano.
—Una relación familiar no demuestra que los registros fueran falsificados. Necesitamos documentos originales, registros médicos y una identificación forense independiente.
Asentí.
Eso era exactamente lo que necesitábamos: hechos, no suposiciones.