El sheriff disparó a mi hijo y se rio… pero no sabía quién era realmente su padre

—Sí.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Lo siento muchísimo.

—Usted no le disparó.

—Pero lo vi.

Su voz tembló.

—Y durante unos segundos me quedé paralizada.

—Después empezó a grabar.

Asintió.

—Pensé que si alguien tenía pruebas, no podrían convertir a su hijo en el culpable.

Aquella frase me golpeó.

—Gracias.

Elena comenzó a llorar.

—Su hijo no hizo nada.

Miré hacia la habitación.

—Lo sé.

—No —insistió—. Tiene que entenderlo. No lo amenazó. No llevaba ningún arma. Levantó las manos. Incluso dijo que obedecería.

Ortega estaba escuchando.

—¿Vio los disparos?

—Los dos.

—¿Qué ocurrió inmediatamente después?

Elena cerró los ojos.

—El sheriff se acercó a Ethan.

—¿Para ayudarlo?

Negó con la cabeza.

—Le preguntó dónde estaba su teléfono.

Sentí que la mandíbula se me tensaba.

—¿Y después?

—Price llegó. El sheriff le dijo que buscara el móvil.

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