Leí nuevamente la frase escrita por Bell:
“Lo que ocurrió con Ethan no empezó aquella noche.”
Ortega permanecía frente a mí.
—¿Qué operación?
Guardé silencio.
—Caleb.
—Se llamaba Northstar.
—¿Qué ocurrió?
Miré hacia la habitación de Ethan antes de responder.
—Oficialmente, casi nada.
—¿Y extraoficialmente?
Doblé cuidadosamente la fotografía.
—Seguimos una red que utilizaba empresas aparentemente legítimas para mover dinero procedente de contratos fraudulentos. Había sociedades pantalla, intermediarios, funcionarios corruptos…
Ortega frunció el ceño.
—¿En Estados Unidos?
—Parte del dinero terminaba aquí.
—¿Thomas Bell trabajaba con vosotros?
—Durante unos meses. Era analista financiero civil. Encontraba conexiones que los demás no veíamos.
Recordé al joven silencioso que podía pasar doce horas delante de documentos y después señalar una transferencia que nadie había considerado importante.
—La operación terminó —dije.
—¿Cómo?
—Detuvimos a varias personas. La red se desmoronó.