Podía marcharse.
Nadie sabría que había estado allí.
Sin embargo, observó a aquella mujer protegiendo su escondite mientras ella misma estaba aterrorizada.
Miró al suelo.
Había una piedra grande junto a su zapatilla.
Adrián la tomó.
Se incorporó lentamente.
Y salió de entre los árboles.
—¡Eh!
Los 2 hombres se giraron.
Adrián lanzó la piedra contra la chapa de la furgoneta, provocando un estruendo, y echó a correr en dirección contraria.
Uno de ellos salió detrás de él.
El otro soltó durante unos segundos a Elena.
Fue suficiente.
Ella cayó, rodó por la pendiente y consiguió esconderse entre unos matorrales mientras Adrián corría hacia la carretera gritando para llamar la atención de cualquiera que pudiera escucharlo.
Lo que ninguno sabía era que, a pocos kilómetros, una patrulla de la Guardia Civil acababa de recibir una llamada.
Y cuando Elena pudo contar lo sucedido, pronunció el nombre de Sergio.