En la boda de casi 5 millones de pesos de mi hermana, mi padre derramó una copa de vino tinto sobre mi vestido frente a casi 300 invitados y dijo: “Mírate. Siempre encuentras una forma de avergonzarnos”. Mi madre se rio. Mi hermana también. Todos esperaban que saliera corriendo a llorar. En cambio, saqué mi teléfono e hice una sola llamada. Minutos después, 4 hombres de traje oscuro entraron al salón y se colocaron junto a las puertas. Mi padre todavía sonreía… hasta que vio quién caminaba detrás de ellos.

Su cara se endureció.

Pero antes de responder, Ernesto Alcázar dio un paso hacia Santiago.

“Señor Valdés, sé que este quizá no sea el momento, pero nuestra operación todavía está programada para revisión el lunes, ¿correcto?”

Renata giró hacia su suegro.

“¿Qué operación?”

Nicolás bajó la mirada.

Y ahí apareció el segundo secreto de aquella noche.

La familia multimillonaria con la que mi hermana creía haberse casado llevaba meses tratando desesperadamente de evitar la quiebra.

 

 

 

Parte 3

Renata miró a Nicolás.

“¿De qué está hablando tu papá?”

Nicolás tragó saliva.

“Nuestra empresa está pasando por un problema temporal.”

Ernesto cerró los ojos.

“Ya no tiene sentido suavizarlo.”

Mi hermana empezó a ponerse pálida.

“¿Qué problema?”

Ernesto respondió:

“Tenemos deudas.”

“Todo el mundo tiene deudas.”

“Nosotros tenemos 1,800 millones de pesos en obligaciones que vencen durante los próximos meses.”

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