“¿Están listos los contratos?”
“Sí.”
“Entonces autorizo.”
“¿Con la estructura 60-40?”
“55-45. No quiero que los fundadores pierdan el control operativo durante los primeros 18 meses.”
Hubo una breve pausa.
“Entendido, directora.”
Colgué.
Cuando levanté la vista, mi madre me observaba.
“¿Qué fue eso?”
“Trabajo.”
“¿Qué clase de trabajo administrativo autoriza operaciones de 6,400 millones?”
No respondí.
Ernesto Alcázar sí.
Me estaba mirando con una expresión completamente nueva.
“Valeria Montemayor.”
Asentí.
“Altamira Capital.”
Mi padre giró.
“¿Qué?”
Ernesto parecía no creer lo que estaba viendo.
“Ella dirige estrategia en Altamira.”
Nicolás levantó la cabeza.
“¿La misma Altamira que compró parte del corredor industrial del norte?”
“Sí.”
Ernesto me miró.
“Su firma está detrás de algunas de las operaciones privadas más grandes del país.”
Mi madre negó lentamente.
“No.”
“Sí.”
“Valeria trabaja en una oficina.”
“Claro que trabajo en una oficina.”
“Me dijiste que eras empleada.”