—Solo dije que eras mi mujer y que estabas apoyando el proyecto.
Valeria tomó el móvil y llamó a Lucía, su abogada. Puso el altavoz.
—Lucía, necesito que envíes hoy mismo una comunicación formal indicando que ni yo ni mi empresa tenemos relación financiera con el proyecto de Álvaro Serrano. Y quiero que revises cualquier documento donde aparezca mi nombre.
Álvaro dio un paso hacia ella.
—No hagas esto ahora.
—Precisamente ahora.
—Puedes arruinarme.
Valeria bajó el teléfono después de que Lucía confirmara que se ocuparía.
—No. Lo que puede arruinarte es haber construido una imagen con cosas que no eran tuyas.
Mercedes empezó a llorar, pero no por Valeria. Miraba a su hijo como si le hubieran cambiado el rostro.
—Yo se lo conté a todo el mundo —murmuró—. A tus tíos, a tus primos… Dije que habías comprado esta casa.