Patricia respiró profundamente.
—Mi mamá le paga renta a Teresa desde hace años. Yo tenía miedo de dejarla sin techo.
No supe qué responder.
—Pero después del cumpleaños de Camila —continuó— entendí que mi silencio también estaba lastimando a una niña.
Le pregunté si tenía más pruebas.
—Tengo fotografías de los documentos que estaban sobre la mesa. Las tomé aquel día.
Mi corazón comenzó a latir más rápido.
—Mándamelas.
Cinco minutos después llegaron cuatro imágenes.
La primera mostraba una carpeta con el nombre de mi padre.
La segunda, una hoja con varias cantidades.
La tercera tenía una dirección que reconocí inmediatamente.
Era la casa donde Rodrigo y yo vivíamos.
Y la cuarta contenía una cifra.
$2,850,000 pesos.
Me quedé mirando aquel número.
Dos millones ochocientos cincuenta mil pesos.
Debajo aparecía una anotación: