Asentí.
—¿Y Camila?
La expresión de Gabriela cambió.
—Lo más importante es protegerla. Documenta lo ocurrido, busca atención médica por la lesión y solicita apoyo especializado para que pueda contar lo que vivió sin tener que repetirlo frente a toda la familia.
Me entregó información sobre las autoridades de protección de niñas, niños y adolescentes.
—Y no regreses a esa casa solamente para enfrentarlos.
Aquella recomendación terminó siendo más importante de lo que imaginaba.
Porque esa misma noche Rodrigo apareció en el departamento de Mariana.
Eran casi las ocho cuando escuchamos golpes en la puerta.
—¡Laura! ¡Abre!
Reconocí su voz.
Camila estaba en la habitación viendo una película con mi hermana.
Me acerqué a la puerta, pero no la abrí.
—Vete, Rodrigo.
—¡Es mi hija! ¡Tengo derecho a verla!
—Camila está descansando. Cualquier asunto lo hablaremos por los medios correspondientes.