Una casa puede perderse.
El dinero puede recuperarse o desaparecer.
Pero la paz de una niña no tiene precio.
Cuida a Camila.
Y, por favor, no te olvides de cuidarte a ti misma.
Con todo mi amor,
Papá”.
No pude terminar de leer en voz alta.
Abracé aquellas hojas contra mi pecho y lloré como no había llorado desde el funeral.
Durante seis años había pensado que mi padre se marchó sin dejar nada.
Pero me había dejado exactamente lo que necesitaba escuchar.
Con la documentación reunida, Gabriela inició las acciones legales correspondientes.
También buscamos protección para Camila y atención psicológica especializada.
No fue un proceso rápido.
Hubo entrevistas, revisiones de documentos y audiencias.
Rodrigo negó inicialmente cualquier irregularidad.
Teresa aseguró que todo era un malentendido familiar.
Incluso dijo que Camila era una niña demasiado sensible.
Pero Patricia aceptó declarar sobre lo que había presenciado.