Y ese secreto tenía que ver con mi padre.
—Mariana, necesito que vengas.
Mi hermana apareció en la cocina.
Al verme, dejó inmediatamente la taza que llevaba.
—Laura, ¿qué pasó?
Le mostré el video.
Lo vimos juntas.
Cuando terminó, Mariana tenía los ojos llenos de lágrimas.
—No puede ser…
—¿Tú sabías algo del dinero de papá?
Ella negó con la cabeza.
—No. Pero recuerdo una cosa.
Me miró fijamente.
—Tres semanas antes de morir, papá me preguntó si Rodrigo te había entregado unos documentos.
Sentí que el estómago se me encogía.
—¿Qué documentos?
—No me lo explicó. Dijo que eran importantes y que Rodrigo sabía dónde estaban.
Me llevé una mano a la boca.
Recordé aquella época.
Mi padre estaba muy débil.
Rodrigo insistía en que yo descansara porque trabajaba demasiado.
Él se ofrecía a resolver todo.
Y yo confiaba en él.