PARTE 1
—¡Suelta ese plato ahora mismo! —gritó Mercedes al descubrir a una niña de 10 años arrodillada en el suelo de una cocina de lujo, recogiendo con las manos unos macarrones con queso que acababan de caer junto al cubo de basura.
Clara se quedó paralizada.
Su madre, Elena Rivas, trabajaba limpiando desde hacía 3 años en aquella enorme vivienda de Pozuelo de Alarcón. Esa tarde no tenía con quién dejar a la niña y había pedido permiso para que esperara en el comedor del personal hasta terminar su turno.
Clara había prometido no moverse.
Pero llevaba horas con hambre.
En su casa quedaban 2 huevos, medio paquete de arroz y leche suficiente para el desayuno siguiente. Elena llevaba semanas asegurando que cenaba en el trabajo, aunque Clara sabía que mentía. Algunas noches la oía abrir el grifo, beber agua y acostarse sin probar comida porque necesitaba reservar dinero para un tratamiento respiratorCuando vio un plato casi intacto sobre un carrito destinado a los desperdicios, pensó que nadie lo necesitaría.