Los brackets podían ayudar con sus dientes.
Pero no podían borrar en una tarde los meses durante los cuales nuestra hija había aprendido a esconder su sonrisa.
Ahí empezó la parte que Dean no podía arreglar con una transferencia.
Durante los siguientes días, su comportamiento cambió en cosas pequeñas.
No hizo discursos.
No compró regalos para compensarla.
No intentó convertir su arrepentimiento en una escena donde Eveline tuviera que tranquilizarlo.
Cuando ella hablaba de la escuela, escuchaba.
Cuando mencionó otra vez la foto grupal en la que había evitado enseñar los dientes, Dean no respondió con el típico “no les hagas caso”.
Le preguntó qué habían dicho los otros niños.
Eveline se lo contó.
Fue incómodo.
Dean tuvo que escuchar que algunos compañeros imitaban su sonrisa y que ella había empezado a reírse con la mano sobre la boca para que nadie tuviera otra oportunidad de comentarla.