Renata cerró la tapa.
—Ahora sí.
Mariana apoyó una mano sobre la carpeta y la otra sobre la cabeza de su hija.
Afuera empezaba a llover otra vez.
Esta vez nadie tuvo que correr escaleras abajo.
Renata cerró la tapa.
—Ahora sí.
Mariana apoyó una mano sobre la carpeta y la otra sobre la cabeza de su hija.
Afuera empezaba a llover otra vez.
Esta vez nadie tuvo que correr escaleras abajo.