—¿La va a guardar?
Mariana la dejó sobre la mesa junto a los papeles nuevos del bebé.
—Sí, pero ya no para lo mismo.
Sacó las hojas del divorcio y las puso en un sobre separado.
Luego abrió la carpeta azul y acomodó dentro el acta de nacimiento de su hijo, junto con la suya.
Renata apareció desde el pasillo.
—¿Y mis papeles?
Mariana levantó una ceja.
—Los tuyos están guardados.
—Entonces faltan.
Corrió a buscar su propia acta y regresó minutos después.
La colocó entre las otras dos.
Tres documentos quedaron juntos dentro de la carpeta que había caído por las escaleras el día en que Mariana creyó que estaba perdiendo el control de su vida.
Renata cerró la tapa.
—Ahora sí.
Mariana apoyó una mano sobre la carpeta y la otra sobre la cabeza de su hija.
Afuera empezaba a llover otra vez.
Esta vez nadie tuvo que correr escaleras abajo.