—¿Qué contiene?
Mariana negó con la cabeza.
—No debería haberte pasado esto.
Aquella disculpa llegó demasiado tarde y era demasiado pequeña para todo el daño que me habían hecho.
—¿Qué contiene? —repetí.
Antes de que respondiera, escuchamos un golpe dentro de la casa. Después, el sonido de un cajón abriéndose violentamente.
Javier estaba buscando algo.
Entonces recordé.
Seis meses antes, cuando apenas empezaba mi embarazo, había encontrado una llave escondida detrás de un cuadro en el despacho de mi esposo. Abría un pequeño archivador metálico que Javier mantenía siempre cerrado.
Dentro había una carpeta azul.
La abrí por curiosidad, creyendo que contenía documentos de su empresa.
Encontré copias de escrituras, transferencias bancarias, informes médicos y varias hojas con mi firma.
Mi firma.
Pero yo nunca había firmado aquellos documentos.
En uno de ellos autorizaba a Javier a administrar una propiedad que mi padre me había dejado en herencia. En otro, supuestamente aceptaba venderla.