—¡No, mamá! ¡Lo vi de verdad! Me desperté durante la noche porque tenía sed. Pasé por delante de su habitación. La puerta estaba abierta. ¡Papá estaba de pie junto a su cama!
Elena sintió que la preocupación se apoderaba de ella, pero intentó no demostrarlo.
—En la oscuridad seguramente creíste ver algo. A veces pasa.
—¡No! ¡Estaba de pie, de espaldas a mí! Cuando lo vi, me asusté tanto que salí corriendo.
Durante todo el día, las palabras de su hija no dejaron de dar vueltas en la cabeza de Elena.
Casi tres años antes, su marido Viktor había sufrido un terrible accidente de coche. Los médicos habían luchado durante varias semanas para salvarle la vida, pero sus heridas eran tan graves que había perdido la capacidad de moverse y hablar por sí mismo.
Como consecuencia de las lesiones cerebrales, Viktor apenas reaccionaba a su entorno. Mantenía los ojos cerrados, su cuerpo permanecía inmóvil y los médicos no observaban ningún signo de comunicación consciente.