La esposa utilizó tiza para trazar el contorno de la cama de su marido, quien había permanecido completamente paralizado durante casi tres años tras un terrible accidente.

Pero en uno de sus pies observó una pequeña mancha oscura.

Elena cogió una toallita húmeda e intentó limpiarla.

No era más que suciedad común.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

¿Cómo podía haber tierra en el pie de un hombre que llevaba casi tres años sin salir de su cama?

Durante todo el día, Elena fue incapaz de recuperar la calma.

No dejaba de pensar en las palabras de su hija, en las huellas del suelo y en aquella extraña mancha en el pie de su marido.

Cuando cayó la noche, tomó una decisión.

Instaló una pequeña cámara de vigilancia en la habitación, orientada hacia la cama y la puerta de entrada.

No le dijo nada a Sofía para no asustar a la niña.

Alrededor de las dos de la madrugada, el teléfono de Elena comenzó a vibrar.

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