En la antigua casa familiar de Progreso había una veleta artesanal con forma de ave blanca.
La había colocado él mismo cuando Emiliano era
pequeño.
Desde el dormitorio del niño podía verse perfectamente.
—Mi hijo recordó esa casa.
Alejandro salió de la residencia.
Mientras tanto, Sergio siguió a Ricardo.
El automóvil de Ricardo no fue hacia la costa.
Se dirigió a una residencia privada donde vivía la antigua encargada de la casa hogar.
Ricardo intentaba llegar antes que ellos a la única adulta que podía confirmar la historia.
Sergio envió a su equipo.
Alejandro continuó hacia Progreso.
Cuando llegó a la vieja propiedad familiar, sintió que regresaba a otra vida.
El lugar llevaba diez años prácticamente abandonado.
Subió a la terraza.
La veleta blanca seguía allí.
Girando lentamente.
—Emiliano…
Abrió la puerta.
—¡Emiliano!
Nada.
Recorrió la planta baja.
Muebles cubiertos.