Todo parecía exactamente igual que unos minutos antes.
Y, sin embargo, Anna sintió que la habitación había cambiado.
Intentó recordar lo que sabía de la herida.
Tres años atrás había ocurrido una explosión.
Los cirujanos habían retirado varios fragmentos.
Uno había quedado cerca de la columna porque extraerlo resultaba demasiado peligroso.
Eso era lo que Victor Hale había explicado.
Un fragmento.
Una herida.
Una cicatriz.
Nada más.
Pero Sophie acababa de describir una forma ovalada con pequeñas patas.
Y había dicho que parecía estar mirándola.
Anna sabía que su hija tenía una imaginación muy activa.
Era natural que una niña de cinco años comparara cualquier objeto extraño con algo que conociera.
Podría haberlo llamado insecto porque no sabía encontrar otra palabra.
Sin embargo, algo en su tono la inquietó.