Pero entonces descubrió algo que le llamó la atención.
Justo donde terminaba el cabello de Dante, en la zona donde el cuello se encontraba con el cráneo, había una pequeña forma elevada.
Sophie dejó su libro sobre la alfombra.
Se acercó un poco más.
La protuberancia no parecía un lunar común.
No era redonda.
Tampoco tenía el aspecto liso de una cicatriz.
Su contorno era ovalado.
La niña inclinó la cabeza para observarla desde otro ángulo.
La luz de la lámpara tocó brevemente aquella zona.
Por un instante, Sophie creyó ver un reflejo plateado.
Aquello hizo que se acercara todavía más.
No sabía nada del atentado ocurrido tres años antes.
Tampoco conocía los detalles de las intervenciones médicas.
No había escuchado todas las conversaciones en las que Victor Hale explicaba las secuelas que sufría Dante.a a las pequeñas marcas que había visto en otras personas.