La reclusa más temida de la prisión decidió humillar a la recién llegada, quitándole la comida delante de todas las internas

Con el paso de los años había convertido la vida de muchas reclusas en un auténtico infierno.

Algunas lavaban su ropa.

Otras limpiaban su celda.

Muchas le entregaban parte de su comida.

Y no faltaban quienes hacían los trabajos más desagradables solo por miedo a decirle que no.

Quien se atrevía a desafiarla terminaba pagando un precio muy alto.

Vanessa disfrutaba humillando a las demás delante de toda la prisión y nunca perdía la oportunidad de recordar quién mandaba allí.

Por eso casi nadie se atrevía a llevarle la contraria.

Durante varios días la nueva interna pasó completamente desapercibida para ella.

Pero todo cambió a la hora del almuerzo.

El comedor estaba casi lleno. Las reclusas ocupaban las largas mesas metálicas mientras conversaban en voz baja.

La recién llegada comía sola, sentada en un rincón, con absoluta tranquilidad.

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