Era simplemente la cuerda de su yegua.
Un objeto usado, manchado y necesario.
Mercedes abrió más la puerta.
—Pasa.
Sewerá entró.
Yáwari llevó los caballos al cobertizo.
Mercedes puso agua a calentar y agregó un leño a la estufa.
Afuera comenzó a nevar con más fuerza.
Esta vez nadie estaba enterrado bajo la nieve.
Nadie venía a cobrar una deuda.
Nadie estaba intentando comprar la casa.
Y cuando Mercedes cerró la puerta para mantener fuera el frío, no lo hizo para encerrarse del mundo.
Lo hizo porque adentro había gente a la que ella había elegido dejar entrar.