Ana no le explicó lo que había ocurrido en el hospital.
Sólo dijo aquella frase que Teresa recordaría durante mucho tiempo: ella no había perdido todo esa madrugada; lo había perdido tres días antes.
Después se marchó para acudir a una revisión médica que el doctor Salcedo había insistido en mantener.
No quería convertir su enojo en una razón para descuidar el único riñón que le quedaba.
Salcedo revisó la herida y le preguntó si tenía a alguien que pudiera acompañarla durante la recuperación.
Ana respondió que podía organizarse.
El médico la observó unos segundos, como si quisiera preguntar algo más, pero no lo hizo.
Ella agradeció esa prudencia.
Mientras tanto, Víctor empezó a recibir mensajes de Rita con una frecuencia distinta.
Antes del trasplante ella le escribía a cualquier hora.