PARTE 1
—Llámale a alguien a quien sí le importes, papá. Yo estoy en el cumpleaños de mi suegro y no voy a arruinar la noche por esto.
Esas fueron las últimas palabras que escuché de mi hija Daniela antes de que me colgara mientras yo estaba atrapado bajo un ropero de madera, con una pierna inmovilizada y parte del techo de mi casa derrumbándose sobre mí.
Tengo 56 años y vivo en las afueras de Toluca, en una casa que mi esposa Elena y yo compramos cuando nuestras hijas todavía iban a la primaria. Aquella noche, un frente frío había traído lluvia, granizo y ráfagas tan fuertes que las ventanas parecían respirar.
El primer crujido sonó poco después de las nueve.
El segundo partió una viga.
Después todo cayó.
El ropero del pasillo se desplomó sobre mi pierna izquierda. Sentí un dolor que me dejó sin aire. Había polvo, madera rota y agua entrando por el hueco del techo.
Saqué el celular del bolsillo y llamé a Daniela antes que a emergencias.
Quizá fue una tontería.
Quizá necesitaba comprobar que, pese a los últimos cinco años, seguía teniendo una hija.
—Dani… se vino abajo una parte de la casa. Estoy atrapado.
Del otro lado escuché música, copas y gente riéndose.
—¿Ya llamaste al 911?
—Primero te llamé a ti.
Hubo un silencio.
—Papá, toda la familia de Mauricio está aquí. Son los sesenta años de don Héctor.
—Daniela, no puedo moverme.
Entonces dijo aquella frase.
“Llámale a alguien a quien sí le importes.”
Y colgó.
Llamé al 91Después hice otra llamada.
A Arturo Vega.
Durante veintidós años, Arturo había trabajado conmigo investigando fraudes financieros antes de que ambos nos retiráramos.
—Rafa, ¿qué pasó?
—Activa el Protocolo Invierno.
Guardó silencio.
—¿Estás seguro?
Miré las fotografías familiares tiradas entre los escombros.
—Completamente.
Los paramédicos me sacaron cuarenta minutos después.
Desperté en un hospital de Toluca con doce puntos en el muslo, dos costillas fisuradas y la pierna inmovilizada.
Arturo estaba sentado junto a la ventana.
—El protocolo se activó a las 9:18 —me dijo—. Las notificaciones salieron. A las 10:47 bloquearon los movimientos relacionados con tus fideicomisos y las cuentas vinculadas a las inversiones de los Alcántara.
Me entregó mi celular.
Diecisiete llamadas perdidas de Daniela.