—Tú siempre crees que puedes arreglarlo todo.
—No. Pero tenía derecho a saber que nuestra hija necesitaba seguimiento.
Raúl se quedó callado.
Claudia no le pidió que se marchara aquella noche. Lucía necesitaba descanso y ella no quería montar una escena. Pero 2 días después, cuando la adolescente se sintió algo mejor, los 3 se sentaron en el comedor.
Claudia estableció una única condición: nadie interrumpiría a Lucía.
La chica tardó mucho en empezar.
—Cuando te dije que me dolía, papá, hacías una cara como si te estuviera estropeando el día.
Raúl bajó la vista.
—No era mi intención.
Claudia levantó una mano.
—Déjala terminar.
Lucía respiró hondo.
—Después del hospital pensé que si volvía a decir algo, mamá se enfadaría contigo. Pensé que si vosotros os separabais sería por mi culpa. Por eso cuando mamá preguntaba decía que estaba bien.