Me casé con una paciente de hospicio de 70 años para cumplir sukara último deseo, después del funeral, su abogado se hizo a un lado conmigo y me susurró: “Necesito que veas algo.

Hubiera preferido cuidar tu cara. *

Tenía que parar.

Conocía esa silla.

La que está al lado de la ventana este de su habitación.

El que había sentado todos los martes y jueves por la tarde durante casi dos años.

La que ella me había tomado de la mano la semana anterior a su muerte y

visitas. *

Presioné la letra contra mi rodilla y seguí leyendo.

*No te elegí porque fueras amable, aunque lo fueras.

No te elegí porque fueras paciente, aunque tú también lo eras.

Te elegí por tu cumpleaños.

Por el nombre de la ciudad en su solicitud de voluntariado.

Porque cuando te miré la cara el primer día, vi algo que no había visto en cincuenta años. *

*Me vi a mí mismo. *

Mi garganta se cerró.

*No puedo decírtelo con certeza.

No soy científico y no soy juez.

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