Durante aquellos meses, una de las amigas más cercanas de mi madre se había ocupado de mí.
Esa mujer era la madre de Elizabeth.
Eso significaba que Elizabeth y yo habíamos pasado los primeros meses de mi vida bajo el mismo techo.
Pero ni siquiera aquella era la revelación más impactante.
Robert confesó que, cuando mantenía una relación con Elizabeth, ya conocía el vínculo que existía entre nuestras familias.
Y cuando me conoció, Elizabeth ya estaba esperando un hijo suyo.
—Tenía muchísimo miedo de perderte —susurró—. Así que tomé la peor decisión posible. Guardé silencio.
Durante varios minutos fui incapaz de hablar.
Finalmente, pregunté:
—¿Por qué ahora? ¿Por qué me trajiste aquí?
Michael dio un paso adelante.
—Porque antes de morir, mi madre me dejó una carta. Escribió que nunca la había culpado a usted por lo sucedido. Y me pidió que, si algún día encontraba a mi padre, me asegurara de que usted conociera la verdad.