Había pasado años esperando que algún día comprendiera el daño que nos había hecho. Pero cuando finalmente regresó, descubrí algo que nunca había imaginado: ya no necesitaba que volviera para sentirme completa.
Había criado a nuestros hijos, había superado mis miedos y había construido una vida con mis propias manos.
Y aunque nunca pude cambiar el pasado, sí pude decidir qué lugar tendría Daniel en nuestro futuro.
Porque a veces, la verdadera victoria no consiste en conseguir que alguien regrese, sino en descubrir que eres lo suficientemente fuerte para seguir adelante incluso cuando te deja atrás.