—Íbamos a llamarte.
—Claro. ¿Antes o después de que Laura se probara el bikini de ocho mil pesos que le compraste en nuestro aniversario?
Laura dejó la prenda sobre la mesa.
—Estás exagerando. Ricardo solamente quiso tener un detalle conmigo. Tú sabes lo difícil que ha sido mi divorcio.
—Yo misma te abrí las puertas de mi casa cuando te separaste.
Ella soltó una risa amarga.
—Ahí está el problema contigo, Mariana. Siempre llevas la cuenta de todo. Ricardo me ha contado lo agotador que es vivir con una mujer que controla cada cosa.
Eso dolió.
Pero no tanto como ella esperaba.
Porque de pronto recordé el perfume extraño en la camisa de Ricardo.
Las clases de spinning a las que supuestamente iba solo.
El “congreso de construcción” en Monterrey que coincidió con un viaje de Laura a San Miguel de Allende.
Y su manera de esconder el celular boca abajo desde hacía meses.